Feminismo Sin Fronteras: Cultura de la violación en Alemania también

Imagínate que sales de fiesta una noche con un grupo de gente. Imagínate que unos días más tarde ves por internet un vídeo en el que tú sales, siendo violada. Y no te acuerdas de nada. Imagínate que denuncias la situación, ya que, aparte de que no recuerdas qué paso y no podías consentir, en el vídeo se te oye diciendo “no” y “para”. Imagínate que no sólo pierdes el juicio y te obligan a pagar 24.000 euros, si no que encima el vídeo sigue en internet y tus violadores están ganando dinero con él y a ellos el sistema judírico les ha impuesto una multa de sólo 1.350 euros.

Esto es lo que está pasando a una modelo y famosa alemana llamada Gina-Lisa Lohfink. La violación fué en Berlin, en 2012. Ella dice que alguien le debió poner algo en su bebida y no recuerda que ocurrió. Unos días más tarde vió el vídeo por internet. El sistema judírico de Berlin ha fallado a favor de sus violadores, y ha sentenciado que ella hizo una acusación falsa. A ella le han puesto una multa (Gina-Lisa dice que prefiere ir a la cárcel que pagar), y está luchando contra este fallo, el cual es una barbaridad, no sólo por lo sexista, si no por el mensaje que lanza a las mujeres alemanas: La víctima es en realidad culpable y todas las mujeres acusamos de forma falsa. La violación no existe, aunque nosotras digamos lo contrario y nuestro derecho a consentir o no, tampoco existe. Esto va a provocar que muchas mujeres no denuncien.
Si esto no es la cultura de la violación, no sé qué es. 

Gina-Lisa se está defendiendo de estos cargos y el 27 de junio es el día en el que la corte decidirá de nuevo si es culpable o no. Para mi, está claro, si ella no ha podido consentir o si no consiente es violación.

Un regalo para los misóginos del mundo mundial

A muchas de mis lectoras, como feministas que sois, os suena la historia de esta estudiante de la prestigiosa universidad de Columbia (en EEUU), llamada Emma Sulkowicz, la cual ha acusado a otro estudiante, llamado Paul Nungesser (con el que tenía una relación que había sido sexual un par de veces) de haberla violado. Ella explicó a la universidad en su momento que lNungesser la sujetó por las muñecas y la obligó a tener sexo anal a pesar de que ella se negó.

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Sulkowicz, una estudiante de arte, decidió en sumomento, que como la universidad no ha hecho gran cosa por defenderla (la uni dijo “falta de pruebas” a pesar de que otras estudiantes habían acusado a Nungesser de violencia y acoso) y de hecho el violador sigue yendo a clases, que iba a convertir su lucha en un proyecto artístico y cargar con un colchón a todo sitios. El colchón se ha convertido así en un símbolo de la “carga” de esta situación, la cual la lleva ella. Así somos las mujeres, en lugar de ser violentas como el patriarcado es con nosotras, convertimos violaciones en proyectos de arte.

Total, que ahora su violador ha hablado y su relato se ha convertido en un regalo para todos los misóginos del mundo entero: No solo es majo y está sufriendo con esta situación (pobrecito), sino que ha presentado la conversación por Facebook que tuvo con Sulkowicz tras la violación (donde se muestra que tras la violación ella quería hablar con él) y ha dicho que de hecho él fué educado como feminista.

La crucifixión de Sulkowicz ha empezado: Si antes la tomaban por loca por lo del colchón, y por una puta, ahora ya abiertamente la acusan de ser una mentirosa y querer “arruinar” la reputación de un buen estudiante. 
Pongámonos nuestras gafas feministas y veamos:

  • Nungesser (el violador) no está sufriendo ni su reputación tampoco: Sigue yendo a clases tan tranquilamente, en lugar de estar en la cárcel
  • Muchas víctimas de violaciones tras el hecho siguen teniendo relaciones con el violador (por ejemplo, mujeres que han sido violadas por su marido o novio)
  • Que Sulkowicz haya tenido relaciones con su violador un par de veces no quiere decir que haya consentido a tener sexo una tercera vez. Si ella dice que no hubo consentimiento, es una violación
  • La mayoría de las violaciones tienen lugar por hombres que conocen a su víctima. Lo del mito del violador que acecha a la desconocida desde la oscuridad ocurre, pero lo otro ocurre más a menudo
  • Muchas víctimas están traumatizadas y se toman su tiempo para denunciarlo. Algunas tardan días, otras años, muchas no denuncian nunca

Todo esto demuestra que, como ya he dicho alguna que otra vez, se reduce todo al consentimiento de la mujer, el cual al sistema patriarcal, y a muchos hombres no les importa o se ignora. Es obvio que en EEUU y en el resto del mundo hace falta todavía más empatía hacia las víctimas en lugar de tanta penita por la reputación del violador y sobre todo, más conocimiento sobre lo que es una violación y no es. Si la mujer dice que no, es que no.

Imagen, pantallazo de YouTube.
Aquí está un vídeo de Sulkowicz (en inglés) explicando la razón de llevar un colchón con ella a todas partes

Feminismo: Si hay consentimiento, no es violación

Las mujeres vivimos en un mundo patriarcal en el que se asume que los hombres siempre tienen derecho a acceder a nuestro cuerpo, con o sin nuestro consentimiento. El patriarcado entero y su creación, la cultura de la violación se han construido sobre esta premisa, la premisa de que tanto si la mujer quiere tener relaciones sexuales o no, las exigencias, los deseos de los hombres priman. Y que de todas formas, el consentimiento de la mujer no es especialmente importante, ya que nuestro papel es el de ser objetos sexuales cuya existencia primordial es el de satisfacer las necesidades de los hombres. El consentimiento no importa o se ignora, para proteger el sacrosanto derecho de los hombres a poder seguir teniendo relaciones sexuales cuando les plazca. La cultura de la violación dice que si una mujer está borracha, es que sí hay consentimiento o que éste no importa. Si está inconsciente, es que también lo hay, implícitamente. Y también es sexo consentido si hace un rato ella decía que quería tener relaciones sexuales (aunque ahora te diga que ha cambiado de opinión) o si va vestida como una guarra. Es siempre que sí.

revolucionesfeministas_blog_consentimientoEn EEUU, para atajar el problema (bastante grande) de violencia de tipo sexual en universidades, se está procesando una ley según la cual, en instituciones de educación post-secundaria públicas, se va a asumir que en cuanto a relaciones sexuales, no hay consentimiento (y por tanto es violación) a menos de que la mujer haya consentido de una manera “positiva, consciente y voluntaria”, según el lenguaje de la normativa SB967. Esta propuesta ha sido presentada al gobernador de California para que, con su firma, se convierta finalmente en ley. O sea, pasamos de “siempre sí hay consentimiento” al “no lo hay nunca, a menos que ella diga expresamente que sí”. Más aún, pasamos del “siempre hay consentimiento y si no lo hay nos importa un bledo porque la culpa es de ella de todas formas” al “no lo hay nunca a menos de que la mujer diga bien claro que sí, de lo contrario es una violación”. El lenguaje de la propuesta añade que el consentimiento debe existir durante la duración del acto sexual y que la mujer puede cambiar de opinión en cualquier momento. A la normativa ya se la está llamando “Yes Means Yes”, o sea, “Sí significa que sí”.

Personalmente, me parece que ya era hora, y a ver cuando se extiende esta propuesta al mundo entero.

Me parece que tal propuesta puede ser eficaz, entre otras cosas porque en cierta forma amplía el concepto de lo que es una violación, al quitar la violencia, la sangre (que muchas personas asocian con una “verdadera violación”) del acto. El coaccionar a una mujer a tener relaciones sexuales no deseadas es una violación.  El tener relaciones sexuales con una mujer dormida o borracha es una violación, aunque no haya violencia de por medio. En todas estas situaciones no ha habido consentimiento, por lo tanto, estamos hablando de violaciones.

No hace falta añadir que muchos grupos pro-hombres están que trinan con la ley. Ya se han echado las manos a la cabeza con la cantidad de casos de denuncias falsas, según ellos, que esta ley va a causar. En realidad, los derechos de las mujeres les da igual, lo que quieren es preservar el derecho de los hombres a seguir violando con impunidad. Otras personas, sin ser especialmente machistas, también operan bajo los mandatos de la cultura de la violación, y ya han dicho que el tener que asegurarse previamente del consentimiento de la otra parte resta sensualidad, espontaneidad al acto. Lo cual es una verdadera estupidez, ya que el asegurarte de que la otra persona realmente quiere tener relaciones contigo debería ser primordial, excepto, claro está, en un mundo patriarcal en el que los deseos de la mujer no son realmente importantes.